Proust escritores con Sergi Bellver

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Sergi Bellver (Barcelona, 1971). Es autor del libro de relatos Agua dura (Ediciones del Viento, 2013; versión digital en Sub-Urbano Ediciones), que ha tenido una notable recepción por parte de la crítica y los lectores, y del que algunos cuentos han sido traducidos al húngaro y al francés. Desde 2010, sus relatos han aparecido en una decena de antologías de España y Latinoamérica, además de en diversos diarios y revistas. Ha escrito dos guiones para cortometraje y ha colaborado como script consultant en el rodaje de otro. Es uno de los fundadores del movimiento Nuevo Drama.

Trabajó tres años como editor para un sello independiente y es el responsable de la edición y el prólogo de los libros colectivos Chéjov comentado (Nevsky Prospects, 2010), Mi madre es un pez (Libros del Silencio, 2011; con Juan Soto Ivars) y Madrid, Nebraska (Bartleby, 2014). También ha escrito los prólogos para nuevas traducciones de El jugador, de Dostoievski (Nevsky Prospects, 2013), y, en catalán, de La metamorfosi, de Kafka (Base, 2014).

Entre 2008 y 2014 colaboró como crítico literario y periodista cultural en medios como el suplemento Cultura/s del diario La Vanguardia y en las revistas Qué Leer, Tiempo, BCN Mes y Quimera. También ha publicado artículos, entrevistas y reseñas en diversos medios digitales. Es profesor de narrativa y ha trabajado, entre otros centros, para la Escuela de Escritores de Madrid, ciudad en la que residió durante catorce años.

Sitio web: www.sergibellver.com

El cuestionario:

¿Qué es para ti un libro?

El mapa incompleto de un tesoro que genera intereses mientras lo buscas. Una hermosa manera de morir más despacio y ensanchar la experiencia de la vida, tanto si lo lees como si lo escribes.

El mejor sitio para escribir.

La buhardilla de unos amigos en su masía del Ampurdán. Si algún día me lo puedo permitir, pienso vivir en el campo, no muy lejos del mar y con un buen bosque cerca. Pero mientras no me quede otra, me he acostumbrado por mi vida nómada a la austeridad, y ya sólo pido silencio, soledad y un poco de luz natural.

Cuando abres la puerta y entras en una librería…

Pienso en el poco dinero que llevo encima, curioseo, hago el hurón por las mesas, cambio de sitio algunos libros (sí, yo soy uno de esos seres malignos que plantan un buen libro encima de la castaña de turno, por el bien de mi prójimo y para desgracia de los libreros más aplicados), leo algunas páginas y me voy, resignado por no dar abasto.

Qué libro estás leyendo en estos momentos.

Voy a decirte algo que igual te suena extraño: ninguno. Y estoy encantado. Después de treinta años de lector, después de casi siete metido en todas las otras caras de este oficio, y sobre todo después de seis temporadas leyendo más de dos libros por semana por mi anterior labor como crítico, llevo un mes sin leer nada más que los originales que corrijo y las historias que preparo como autor. De vez en cuando hay que dejarlo estar y poner la oreja al ruido del mundo, vivir, en una palabra, que no todo está en los libros. Todo no.

¿Te acuerdas del primer libro que leíste?

Imagino que leería otros que pronto olvidé, porque los que estaban catalogados como lecturas infantiles no solían atraerme nada. Pero recuerdo que de niño pasé unos días en cama, enfermo, y que con una de aquellas ediciones grandes de lomo blanco de El Molino descubrí lo que era la magia de la ficción. Era una versión de Robin Hood de la que ni recuerdo el autor. Más adelante vendrían Stevenson, Wells, Conrad y las Novelas ejemplares de Cervantes.

Dinos cuál es tu escritor favorito.

No puedo decir sólo uno. En este cuestionario voy a mencionar a varios de ellos, pero siento un afecto especial por Chéjov, lo cual no quiere decir que sea el mejor, sólo el que prefiero, y no sólo por razones literarias, también por su posición ética como escritor.

¿Y tu personaje literario preferido?

Por motivos diversos, Alonso Quijano, el príncipe Mishkin, la madre del clan Joad y el emperador Adriano.

¿Con qué personaje literario te sientes identificado?

Sería un híbrido insólito entre Ulises, Drácula, el barón rampante y Atticus Finch.

¿Sigues un método a la hora de escribir? ¿Alguna superstición o manía?

Depende de cada historia, algunas nacen de forma convulsiva y luego tengo que domarlas. Otras van creciendo como un edificio del que dispongo planos nuevos conforme avanza la obra. Manías, pocas, pero desde hace años ya no le dejo leer a nadie nada que no esté terminado, al menos en su primera versión. Y nadie es nadie, ni amigos, ni editores, ni colegas escritores, ni novias. Y en el momento en sí de la escritura, necesito soledad, eso es innegociable.

¿Qué libro te hubiera gustado escribir?

Espero llegar un día a escribir el mejor libro que haya en mí. Admiro muchísimo a decenas de autores, pero cada uno ha de intentar tener una mirada genuina sobre el mundo. Con todo, si ese día soy capaz de contar una historia la mitad de bien de lo que lo hace Conrad en Lord Jim, de armar una voz la mitad de potente de la que Céline logra en Viaje al fin de la noche, de trazar un perfil psicológico la mitad de complejo y profundo que el de Memorias de Adriano de Yourcenar, de comulgar con mis semejantes como lo hicieron Víctor Hugo en Los miserables o Steinbeck en Las uvas de la ira, o de manejar todas las miserias del ser humano con la décima parte de la maestría de Shakespeare en Hamlet o El rey Lear, me desintegraré de jodida satisfacción, y perdona por hablarte en inglés traducido.

¿A qué escritor/a te gustaría conocer en persona?

Casi todos están muertos. A otros, por fortuna, ya tuve la suerte de conocerles. De alguno casi me arrepiento. Y del resto de los vivos, no sé, no soy nada mitómano y creo que la lectura de una obra y el trato personal con su autor no tienen por qué resultar del mismo interés. Pero una tarde de charla con Sam Shepard, Richard Ford, Salman Rushdie o Lobo Antunes no estaría nada mal. También me gustaría cenar, por motivos extraliterarios, con la escritora Saphia Azzeddine. Y con Jessica Chastain, ya puestos.

¿Papel o libro electrónico?

Papel. El libro electrónico es una excelente herramienta complementaria, aunque yo no lo use apenas como lector. Sin embargo, sí he publicado en ese formato. Pero, sintiéndolo mucho por los visionarios digitales y los agoreros, el libro de papel no desaparecerá jamás.

¿Has leído más de cinco títulos de un mismo autor o autora? De quién.

Claro, de muchos de mis favoritos, como Conrad, Dostoievski, Cortázar, Faulkner, García Márquez y Steinbeck, por ejemplo. De otros grandes aún me quedan demasiadas lagunas.

¿De qué palabras o frases abusas a la hora de escribir?

No soy consciente de frecuentar ningún lugar común, quizá porque intento evitarlos, o tal vez sólo creo que no lo hago porque no soy tan listo después de todo. A veces he escrito de forma muy densa y otras he desbrozado el texto de ripios y adjetivos hasta dejarlo en el hueso. Cuando escribía crítica literaria, eso sí, recuerdo haber dicho muchas veces cosas como “la condición humana”. Me parece que durante aquellos seis años fui un crítico literario bastante decente pero un poco solemne y pelmazo. Menos mal que lo dejé.

¿Qué talento, aparte del literario, te gustaría tener?

Sin duda alguna, el musical. Compositor, pianista clásico, guitarrista de rock, cantante, lo que fuera. De niño fui una especie de niño prodigio del dibujo, luego se frustró esa vocación, y desde hace unos siete años lo apuesto todo por la literatura, que creo que no se me da mal del todo. Pero, para mí, la música es la más pura de todas las artes. Por desgracia, tengo el oído musical de un saco de patatas. Aunque, por una suerte de extraño plan divino, resulta que hay un tenor del Liceo que se llama como yo. Supongo que no había sitio en la ópera para dos Sergi Bellver.

¿Cuál ha sido la mejor crítica que han hecho de tus obras?

La de un lector que, muy emocionado, me dijo que al leer uno de mis relatos había encontrado las palabras justas para decir lo que sentía y nunca había logrado expresar. Aquel día me sentí de veras escritor. Creo que estamos básicamente para eso.

Qué libro no has sido capaz de terminar de leer.

Cada vez más, conforme pasan los años. Antes me obligaba a terminarlos todos para poder argumentar mis opiniones. Ahora creo que ya tengo el ojo entrenado, un poco de oficio y cierta intuición como para darle unas cincuenta páginas de margen a un libro para seducirme. Si no, lo dejo sin ningún problema. También importa en qué momento de tu vida te llega o llegas a ese libro. Empecé a leer demasiado joven el recurrente Ulises de Joyce, por ejemplo, y lo dejé, claro, pero creo que dentro de unos años le daré otra oportunidad porque siento que hay ahí un reto que vale la pena. También he dejado de leer muchas novedades, traducidas o de autores españoles, algunos incomprensiblemente mimados por los medios, pero no citaré a ninguno, para que nadie se ofenda, me jure odio eterno en la red y me mande un sobre anónimo con anthrax. Pero la vida es terriblemente corta como para leer por leer o por “estar al día”. Prefiero pasar a otra cosa, incluso releer algunas grandes obras o rellenar las lagunas que te decía antes con algunos maestros.

¿Sueñas con libros?

La verdad es que no. Pero sí sueño a veces con la historia en cuya escritura esté inmerso en ese momento. Y, en el proceso inverso, a menudo he escrito ficción a partir de algún sueño.

¿Cómo dedicas tus libros?

Con un poco de apuro si no conozco a la persona e ilusionado si se lo dedico a un amigo. Intento no repetirme y, sobre todo, no mentir en las dedicatorias. Lo primero no siempre lo consigo. Ah, y cuando voy a La Coruña suelo firmar completamente desnudo o ataviado de buzo, como podrán comprobar tus clientes en la Feria este fin de semana. ¿Por qué te ríes? Vengan, vengan y verán.

¿Algún día has visto a alguien leyendo uno de tus libros? ¿Qué has sentido?

Hasta ahora sólo he visto a una persona hojeándolo en una librería y a otra comprándolo, lo cual me hizo segregar endorfinas. Pero si algún día encuentro a alguien leyéndolo en el metro o por ahí, sonreiré muy contento, me quedaré quietecito en mi sitio y evitaré cometer la doble grosería de interrumpirle y presentarme.

¿Cuál es tu lema o frase favorita, con la que más te identificas?

Desde hace más de una década, unos versos de Rilke:

Entrega tu belleza,
sin echar cuentas, sin hablar.
Callas. Ella dice por ti: Existo.
Y en mil formas distintas llega,
llega al final a todo el mundo.”

 

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