“Mil otoños”. David Mitchell.

Mil otoños
David Mitchell.
Duomo ediciones.

Jacob de Zoet se encuentra en Deshima, el único enclave comercial japonés que durante la era Edo permite la presencia extranjera. Este joven holandés espera poder reunir en cinco años el dinero suficiente para casarse con la bella Anne. Sin embargo, su estancia se complica cuando conoce a Orito, una hermosa e inteligente comadrona que tras la muerte de su padre, el prestigioso doctor Aibagawa, desaparece misteriosamente. En medio de las intrigas de comerciantes, timadores y colegas cuyo proceder parece haberse contagiado del oscuro clima de la isla, Jacob intentará descifrar el contenido de un misterioso pergamino que parece contener la clave para comprender la desaparición de Orito, su amor prohibido, y los secretos que rodean a la enigmática Hermandad del monte Shiranui.

Opinión:
Cuando mi librera favorita me recomendó este libro, lo cierto es que lo enfrenté con un poco de escepticismo. Primero porque al leer la contraportada me lo vendían como una gran historia de amor entre un escribano holandés y una comadrona japonesa y, en segundo lugar, porque me temía que estaría al frente de un libro escrito por un occidental desde el punto de vista de un japonés. Tengo que decir, sin embargo, que la única cita de las que aparece en la contraportada y que se acerca a lo que es realmente este libro es, curiosamente, la de la crítico de NY Times, Michiko  Kakutani y que reza: “Se desarrolla cuidadosamente, como las flores japonesas que brotan cuando se ponen sobre el agua“. Y así es realmente este libro, se va abriendo a ti lentamente, como un jardín secreto que vas descubriendo página a página.
Así que os diré lo que no es este libro. No es una novela de amor, nada más lejos de la realidad, o por no menos no es una novela de amor tradicional tal y como se entiende en el romanticismo, si ha de se ser una historia de amor, sería una de esas que se desarrollan como las suaves brisas que hacen caer las sakuras (“flores de cerezo”) de los árboles una vez han florecido y que dejan una alfombra de flores pon donde pasean los caminantes mientras recorren sus pensamientos en silencio.
Vas descubriendo esa historia poco a poco, casi sin darte cuenta, a través de las dudas y la ingenuidad  del protagonista De Zoet y de la obstinación y fuerza de Orito. Y, sin embargo, como he dicho, no es una historia de amor, es la historia de un país que se niega a abrir sus puertas a pesar de que está condenado a hacerlo, como una madre que sabe que su hijo tiene que salir de casa, pero que restringe sus horarios para que lo haga lo menos posible.

Lo cierto es que, cuando empiezas el libro, es un poco desconcertante, sobre todo si no conoces nada de la historia antigua de Japón, pero también tiene la virtud de que, no intenta ser un libro escrito por un japonés y, por lo tanto no da por supuestas demasiadas cosas de su cultura. Es más, al ser De Zoet, un extranjero, un gaijin en toda regla, explica a través de su desconocimiento muchas de las costumbres y situaciones de la época. Me gusta especialmente que abandone ese aire de paternalismo de otros libros que he leído y ese aire idílico en el que los japoneses son complacientes y los extranjeros poco menos que desmanerados que no aceptan una cultura distinta de la suya. Entre estas páginas he encontrado japoneses arraigados a sus costumbres y no siempre tan “honorables” como se reflejan en otros escritos (es realmente notable, la relación de los holandeses con sus traductores y las situaciones que se van creando), japoneses y europeos con fuertes sentidos del deber, como los dos protagonistas y comerciantes sin escrúpulos, tal y como debía ser en aquella época. Porque lo más importante de este libro y, una de las razones por las que me ha gustado tanto, es el trabajo que no se ve. El autor, a pesar de que viviendo en Japón habrá entendido muchas cosas que luego ha ido reflejando entra sus letras, ha tenido que leer mucho y documentarse muchísimo para escribir un libro en el que no se note que lo ha hecho. Y eso es de agradecer. Desgrana con precisión los toma y daca de la época, en la que occidentales y orientales luchaban “cortesmente” por ir ganando terreno y poder, los primeros; y no perder ni un ápice de ese poder, los segundos. Así descubrimos Deshima desde dentro, pero también el resto del Japón feudal en pleno período Edo, en los últimos años de su apogeo, antes de su declive. De hecho, hay una conversación entre algunos estudiosos durante un encuentro en el que se habla precisamente de los problemas que atravesaba el sistema japonés y de cómo solucionarlos.
Luego, cuando llegas a la parte de Orito, descubres el verdadero corazón del libro, a través de los ojos de una mujer que, a pesar de estar encerrada en los convencionalismos y costumbres de una sociedad que entendía a las mujeres como una mercancía más, no se conforma en su interior e intenta, por todos los medios, sobrevivir a esa cárcel social a través de su mente y lo único que entiende que está a su alcance: la ciencia. Así se enfrenta a todo sólo con su saber, que es a lo único a lo que no pueden tener acceso y despojarla. Esa parte es de una intensidad tan grande que casi piensas que estás leyendo un libro distinto y no una segunda parte de la historia, desde el punto de vista de ella.

Os aseguro que es un libro sorprendente, tanto si os gusta la historia de Japón como a mí, como si buscáis otro tipo de novela, estoy seguro de que encontraréis algo que os guste entre sus páginas.

Sonia Seijas.

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