“Las doce sillas” Ilf y Petrov.

Las doce sillas es un clásico indiscutible de la literatura rusa del siglo XX. Ambientada en la Rusia soviética de los años 20, recrea el ambiente de la Nueva Política Económica propiciada por Lenin con un pretexto de gran rendimiento: la búsqueda por toda Rusia de doce sillas idénticas, en una de las cuales una dama de la antigua nobleza ha escondido unos diamantes. El héroe principal es un pícaro timador lleno de ingenio y recursos, que se aprovecha de la avaricia o estupidez de los burócratas, comerciantes, antiguos aristócratas, miembros del clero y demás personajes que pueblan la obra. A pesar de su desfachatez, se gana la simpatía del lector, que a menudo lo identifica con una especie de justiciero popular. El resultado es una comedia extraordinaria en el tono de los mejores Lubitsch, Mark Twain o Conan Doyle.

Opinión:

“En la capital de provincias de norte había tantas peluquerías y negocios de pompas fúnebres que parecía como si los habitantes de la ciudad nacieran sólo para afeitarse, cortarse el pelo, refrescarse la cabeza con una loción e inmediatamente después morir.”
Éstas son las primeras líneas de una historia que te atrapará; su estilo satírico no dejará de sorprenderte, regalándote en cada una de sus páginas un divertimento continuo.
El protagonista, Bender, es un ladrón sin escrúpulos y sin moral. Su única meta es conseguir un tesoro oculto en una silla y no dudará en casarse con una mujer, engañar, estafar, robar o lo que sea con tal de conseguirlo. Al ladrón le acompaña un antiguo aristócrata que pretende recuperar el tesoro de su suegra. Les persigue en la búsqueda el sacerdote de la ciudad,  del cual Ilf Y Petrov crean un personaje despreciable.
Ilf y Petrov, los escritores, nos conducen por una Rusia comunista plagada de personajes y situaciones que, entre absurdos, muestra una sociedad en tránsito político.
¿Por qué leer Las doce sillas?… Por ser divertida y amena; por ser un descubrimiento para los que en la biblioteca de la memoria lectora, teníamos una estantería dedicada a la literatura rusa donde había poca luz y las historias nos parecían un tanto tristes; esta novela será el caramelo que nos cambie el regusto. Mucha es la literatura rusa que nos hizo pensar que estos escritores sólo sabían hacerlo con plumas cargadas de tinta densa y, con los años, una mira en las librerías y cuando se olfatea gira hacia otros orígenes. Los populares Ilf y Petrov alegraron a los lectores en los años veinte y, sin duda, en este presente nuestro lo seguirán haciendo.

Marixa Gil.

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