Club de lectura de abril: la librería ambulante. Christopher Morley.

La librería ambulante.
Christopher Morley.
Periférica.

Cree en la literatura como forma de consuelo, pero también como invitación a la felicidad? ¿Cree en los libros como amigos y maestros? ¿Cree en el «amor verdadero»? Si es así, La librería ambulante es su novela. Prepárese para entrar en un mundo único y lleno de encanto, donde el tiempo se ha detenido: estamos en la segunda década del siglo XX, en unos Estados Unidos todavía rurales y de paisajes idílicos, donde conviven los viejos carromatos y los novísimos automóviles; Roger Mifflin, un librero ambulante que desea regresar a Brooklyn para redactar sus memorias, vende su singular librería sobre ruedas (junto a su yegua y su perro) a la ya madura señorita Helen McGill, quien decide, harta de la monotonía de su vida, lanzarse a la aventura y recorrer mundo. A partir de ese momento se sucederán los encuentros y los desencuentros, y las más divertidas peripecias se darán la mano con las grandes enseñanzas que proporcionan libros y librero. Desde que este clásico de la literatura norteamericana se publicara en 1917 han sido muchos los lectores seducidos por su poder evocador, por el reconfortante humor que destila y, cómo no, por su atención a los pequeños detalles: estas páginas huelen a las hogazas de pan recién sacadas del horno; en ellas se siente el viento de otoño en los abedules.

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1 comentario

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Una respuesta a “Club de lectura de abril: la librería ambulante. Christopher Morley.

  1. La librería ambulante. Christopher Morley.

    De la propia página de la Editorial Periférica podemos saber que Christopher Morley nació en Haverford, Pensilvania allá por 1890. De familia con pasado universitario también siguió la tradición cruzando el charco y matriculándose en Oxford. De vuelta, en Nueva York comenzó a trabajar en una editorial para dar el salto al periodismo, campo en el que alcanzó un notable reconocimiento.
    Para adornar un poco la ficha la editorial califica al autor de “Inteligente, lúcido y sofisticado … escritor de éxito y al mismo tiempo un escritor de culto…sus dos grandes maestros fueron compatriotas suyos: Walt Whitman y Mark Twain… El eco de su obra se encuentra en escritores… de Kingsley Amis a Tom Wolfe.” Y es que las editoriales no se cortan un pelo y no aprenden que las comparaciones son odiosas.
    La novela nos cuenta la historia de Helen, mujer abrumada por la monotonía, que cuenta sus días por bizcochos y cuya vida gira en torno a su hermano Andrew, escritor de cierto éxito. Un buen día, un librero ambulante Mifflin se presenta en su finca para vender su viejo carromato ya que está decidido a retirarse para escribir sus memorias. Helen aprovecha la ausencia de su hermano para hacerse no sólo con el carromato sino con el reto que conlleva.

    El estilo es sencillo. La historia se narra de forma lineal y las situaciones se suceden de forma que el personaje principal vaya completando su viaje iniciático.

    Helen con esa necesidad de evolucionar, de ver el mundo, de romper con la simpleza que la rodea, de enfrentarse a las cosas, de jugar a la contra. Andrew que se resiste a aceptar esa decisión, de forma egoísta, sin ganas de ceder el rol de dominador, la persona de carne y hueso que hay detrás de un escritor. Y Mifflin, como el desencadenante de todo, el enfermo de la literatura, el visionario que piensa en la literatura como un arma. Un pequeño viaje, en el que como cualquier viaje que se precie, los que partieron no vuelven siendo los mismo.

    Es una novela recomendable, no por lo que es en sí, sino a lo que invita. A descubrir un mundo ajeno, a dejarnos llevar por impulsos que se rebelan contra lo establecido y la superación de las limitaciones propias (tanto físicas como emocionales en el caso de la protagonista). Y qué mejor que usar la literatura como herramienta para todo esto. Una novela sobre la universalidad que debería tener la literatura en la formación intelectual de las personas y en su formación vital. La necesidad de enriquecer nuestra forma de mirar para entender lo que nos rodea.

    No creo que sea comparable a la obra de Tom Wolfe o Whitman en cuanto a su forma, pero sí en cuanto a lo que aspira transmitir esta historia amable y por momentos tan positiva que nos narra el bueno de Morley.

    Y como siempre no hay que olvidar las subjetividades a la hora de criticar una novela, ni el momento en que llega a nuestras manos. Pero es que esta novela me ha llegado justo después de la lectura de un libro inmenso: Stoner, de John Williams. En Stoner también se recurre al poder de los libros para cambiar una vida. Pero es que Stoner es otra cosa. Posiblemente sea uno de esos libros que nos recomendarían gustosamente Helen McGill y el bueno de Mifflin. Y sólo por esto merece la pena leer La librería ambulante.

    PD. YA que no puedo asistir al club de lectura os dejo mi opinión sobre el libro por si os fuera de utilidad.

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